Ganaderķa potente, trancada en las gateras
Con los datos (preliminares, sujetos a ajustes mínimos) de los resultados de actividad registrados en 2011, podemos repasar lo fundamental de lo ocurrido y ensayar una mirada al año que se inicia.
En primer lugar, lo que corresponde a cualquier análisis sobre la ganadería es señalar el cambio negativo en la situación climática que se dio en este mes. Las proyecciones técnicas auguraban una atenuación del fenómeno Niña; el GRAS del INIA estimaba que no había sesgos en los pronósticos de lluvia para el trimestre de verano, es decir que el porcentaje previsto para cada tercil era idéntico –había iguales probabilidades de que lloviera más, igual o menos que lo normal–.
Sin embargo, después de unas buenas lluvias en los días previos a Navidad, se descerrajó una sequía aguda, signada por una temperatura propia del Sahara, unos solazos inclementes que secaron las aguadas y los campos, para peor azotados por un viento constante, del que no se han dado explicaciones científicas.
El efecto de este episodio de seca, cuya intensidad supera lo normal para un mes de enero, es, desgraciadamente, bien conocido: la afectación severa, en volumen y calidad, de la disponibilidad forrajera y de las aguadas, el impacto en los cultivos, y finalmente en el estado de los ganados y la performance reproductiva de los rodeos de cría.
Como es un fenómeno de reciente ocurrencia –al cierre de esta nota tiene menos de un mes–, todavía los daños son subsanables, en general no son irreversibles. Unas lluvias desparejas caídas en la segunda semana de enero atenúan en casos aislados los peores extremos; pero en ningún caso resolvieron el problema.
Hay pronósticos de nuevas precipitaciones, de modo que cabe confiar en que, cuando esta edición esté en la calle, el escenario haya cambiado; de otra forma, estaríamos repitiendo un cuadro dramático y sumamente destructivo que, con distinta gravedad, se ha dado en tres ocasiones en los últimos cinco años.
Stock y procreo
La importante sequía registrada en el verano de 2011 determinó altos porcentajes de vacas falladas en el entore, que resultaron seguramente en una relativamente baja parición en la reciente primavera.
OPYPA estimó, en base a los pronósticos de DIEA, que habría unos 2,57 millones de terneros, 7,1% menos que los nacidos el año anterior. No obstante, tal vez habría en esta oportunidad un cierto cambio, dado el elevado número de vientres que se sirvieron en el otoño–invierno y que irían a parir en el otoño próximo.
Recordemos que el pasado otoño fue muy favorable para los vacunos y muchos productores fueron por la revancha, entorando vacas que habían fallado en el verano pero que estaban en muy buen estado. No hay elementos que permitan dimensionar este fenómeno, pero se podrá observar en la próxima declaración jurada, cuando se cuenten los terneros.
Faena
La faena vacuna apenas superó los dos millones de cabezas (2.010.808), el menor guarismo desde 2003.
Los novillos volvieron a ser la mayoría –1.036.119–, equivalentes a 51,5% del total.
Las vacas sumaron 934.919 cabezas, 46,5% del total. Se faenaron 222.600 vacas menos que en el año anterior.
En cuanto a la composición por dentición, los novillos de dentición incompleta se mantuvieron en los mismos guarismos que el año anterior; porcentualmente, representaron 65% del total de la categoría. Los de hasta cuatro dientes, 44%.
Estos resultados, que miden un dato clave de la productividad, se ubican por debajo de los logrados en los cinco años anteriores, en los que se logró faenar un porcentaje mayor de animales jóvenes.
La faena de vaquillonas, una categoría netamente carnicera, que no surge de un descarte, representó 22% del total de los vientres.
Producción de carne
El peso promedio de los ganados, con datos hasta octubre, fue superior al del año anterior, en todas las categorías y en el resultado total, debido en este caso a la mayor participación porcentual de novillos en el total. Hasta esa fecha, el peso promedio de las reses en cuarta balanza era de 239,3 kilos.
La faena de casi 2.011.000 reses resulta entonces en una producción de 481.200 toneladas de carne con hueso procedente de la industria.
La faena en los predios y en los mataderos locales suma otras 100 mil cabezas anualmente, entre 15 y 20 mil toneladas adicionales, con lo que estaríamos rondando las 500 mil toneladas de producción de carne en gancho total.
Exportaciones de carne
Al completar el año se habían exportado 336.755 toneladas peso carcasa, casi 30 mil toneladas menos que en 2010, lo que equivale a 8% de baja. Medidas en peso producto, o peso embarque, fueron 225.096 toneladas.
A pesar de la caída en los volúmenes, como el precio promedio por tonelada equivalente carcasa fue de U$S 3.959 (28,5% superior al del año anterior), la recaudación total, que alcanzó a U$S 1.333 millones, fue 18% mayor que la de 2010 y la mayor de la historia para este rubro. El precio por tonelada peso embarque fue de U$S 5.923.
Si se considera la totalidad de los rubros que componen el sector cárnico (sumando carne ovina, equina, de ave, menudencias, subproductos y otros), se alcanza la cifra de U$S 1.652 millones, otro récord absoluto. Corresponde agregar también la exportación de animales para carne vivos, que sumó unos U$S 118 millones.
Mercados
En carne vacuna, los principales destinos siguieron siendo Rusia –en volúmenes– y la Unión Europea (UE) –en dólares–.
Rusia compró 33% de los volúmenes y la UE 18% del total.
La UE compró por 29% de los dólares totales y Rusia por 24%.
Puede observarse en detalle la participación de los distintos países y bloques en el cuadro respectivo. Hay un buen número de países que también compraron carne y no figuran en el cuadro, por no llegar a un monto de un millón de dólares, pero queda de manifiesto el amplio espectro de destinos a los que ingresan nuestros productos, una fortaleza innegable del complejo cárnico uruguayo.
Véase también el precio promedio al que se exporta a cada país, lo que nos indica el tipo de producto que compra y, eventualmente, el beneficio de entrar en un cupo, como es el Hilton en Europa.
En este sentido, otro dato del año recién finalizado es que no se completaron los embarques a EEUU dentro de la cuota de 20 mil toneladas de ingreso preferencial, demostrando que aún este mercado sigue pagando precios menores a sus competidores, aunque se espera que en 2012 vuelva a ser un adquirente de mayor significación, por diversas razones vinculadas a su oferta interna.
Como destaque: México, un destino que mereció esfuerzos especiales en su momento para lograr su apertura, prácticamente no figuró en 2011.
No se aprecian resultados derivados de la exclusión de Paraguay de los mercados, a partir del brote de aftosa que lo afectó en setiembre pasado. Rusia y Chile, los dos principales clientes de Paraguay, figuran con menos volúmenes comprados en nuestro país en relación a 2010.
Actualidad y perspectivas
La carne vacuna, a diferencia de otros rubros agrícolas, no bajó en forma pronunciada en los últimos meses de 2011 en los mercados internacionales. La crisis financiera en Europa y los distintos impactos en el resto del mundo que se avizoran, y la perspectiva de una recesión global en el mundo desarrollado, han resentido la cotización de los commodities alimentarios, pero no han afectado mayormente a la carne.
Todos los análisis expertos coinciden en señalar las perspectivas favorables de los precios de la carne en los próximos años, más allá de las oscilaciones circunstanciales que pueden provocar las turbulencias financieras.
Uruguay, además, que logra valores del entorno de los U$S 4.000 la tonelada carcasa, ha conseguido equipararse con los precios de exportación de los principales exportadores de valor, como Australia y EEUU. Con respecto a Brasil, que en 2011 alcanzó un récord de U$S 5.083 la tonelada peso producto exportada, estamos 16% por encima, con U$S 5.923 por tonelada peso embarque.
En el año que se inicia, existen fundadas esperanzas de ingresar a Corea con carne sin procesar, y también a participar del cupo de carne de calidad procedente de ganados de feedlot en Europa, lo que puede contribuir a consolidar la excelente posición que hoy alcanzan nuestros productos.
Exportaciones en pie, buen negocio y dilema nacional
En 2011 se exportaron casi 213 mil vacunos vivos, un poco más que en 2010. Representaron 10,5% de la faena industrial y poco menos de 2% del stock declarado al 30 de junio.
Este negocio aportó más de U$S 158 millones, de los cuales U$S 118 millones correspondieron estrictamente a categorías carniceras.
La gran mayoría de lo exportado (casi 167 mil animales, 68% del total) fue de categorías destinadas a ser engordadas en destino, fundamentalmente terneros (algunos enteros) y novillitos, casi todos para Turquía.
Otros 16.600 se vendieron gordos, con destino a faena inmediata. En este negocio participó Turquía, pero también Brasil y Líbano.
La restante categoría que se exportó fue la destinada a "reproducción", aunque más estrictamente debería clasificarse como destinadas a recría para ordeñe, ya que son mayoritariamente terneras y vaquilloncitas de raza Holando compradas por China, para producción de leche.
La exportación en pie alcanzó a 51.500 toneladas, con un peso promedio por cabeza relativamente bajo, de 243 kilos, dado que estuvo compuesta, en general, de categorías jóvenes en crecimiento.
La suma de la faena industrial y la exportación en pie arroja una extracción de unos 2.224.000 cabezas y superará los 2.300.000 cuando se agreguen los datos de la faena no registrada, lo que equivale a algo menos de 21% del stock declarado en junio pasado.
El ritmo de exportación tuvo variaciones pronunciadas durante el año, con largos períodos en que prácticamente no se realizaron, debido a que las autoridades sanitarias no otorgaban los permisos necesarios, lo que generó diversos planteos y reclamaciones por parte de productores y comerciantes.
En los primeros cuatro meses de 2011, con más de 142 mil animales embarcados, la extracción lograba niveles que alarmaron a industriales y responsables políticos, y también a cualquier observador objetivo.
A ese ritmo, se iban a exportar más de 400 mil animales vivos en el año, lo que equivaldría a 17% de la parición de un año normal, un volumen que podría poner en riesgo la sostenibilidad de la cadena cárnica, golpeando duramente a la industria instalada en el país. En el ejercicio agrícola 2010–2011 se exportaron casi 300 mil cabezas, un cuantioso 15% de la faena del período.
Seguramente preocupadas por la intensidad de la corriente de salida de los primeros meses, las autoridades le pusieron un freno a los permisos de exportación con explicaciones poco convincentes, lo que generó más controversia todavía.
Los reclamos de que se mantengan las reglas de juego, o por lo menos que se expliciten claramente los cambios que se pretenden, acosaron a los responsables de las políticas y tal vez ambientaron el afloje que se dio en diciembre, cuando se autorizaron varios embarques que estaban pendientes desde hacía tiempo.
Para agravar el problema, la ganadería arrastra todavía un serio déficit en el stock, provocado por el fracaso de la parición de 2009, debido a la gran sequía de ese tiempo, y muchos de los novillitos que se exportaron vivos integran esa generación, por lo que queda un agujero considerable en el stock y en la oferta a frigorífico en el futuro inmediato.
La industria, que está trabajando a media máquina, soportando un sobrecosto por la capacidad ociosa, deberá enfrentar la escasez por bastante tiempo más. Puede faenar sin exigirse demasiado más de tres millones de cabezas anuales y no consigue más de dos millones.
Haciendo coro, los planteos de las gremiales obreras y algunas expresiones políticas afines reclaman cerrar la canilla: directamente, prohibir la exportación en pie.
La industria, con un planteo más realista, propone que se impongan a la exportación de animales vivos algunos de los gravámenes que pesan sobre la faena, como el FIS (que representa 1% del valor de la carne), así como una retención de 5% sobre la exportación del cuero, tal como deben pagar las curtiembres que exportan cueros crudos o wet blue.
En estas instancias es que se aprecia la importancia de contar con un sistema de reintegros diferenciados (que aumenten a medida que se agrega valor), que castigue de algún modo la exportación de los productos en bruto, como ocurre con algunos granos, la lana sucia y el ganado en pie. Al reducir y emparejar los reintegros en niveles muy bajos se pierden esas herramientas de política, que podrían ser un aporte eficaz en estos momentos.
Pero la solución no pasa por cerrar las puertas: la exportación en pie es reivindicada por los productores como una pieza clave para lubricar el mercado y favorecer la inversión en el sector, al evitar el manejo de los precios por parte de los frigoríficos.
Para los criadores es una referencia fundamental, porque asegura en buena medida la colocación a buenos precios de las terneradas y las recrías, cuando por alguna razón se traba la comercialización interna.
Músculos y trabazones
En síntesis, la ganadería de carne, que en varios aspectos sigue siendo el principal rubro productivo del país, mantiene su musculatura y encara una perspectiva bastante favorable. No obstante, a pesar de su gran potencial, está medio trancada en las gateras y, más que avanzar, sigue tropezando y dando vueltas en el mismo lugar. En vez de una estrategia de crecimiento, su accionar parece caracterizarse por una de sobrevivencia. Tal vez sean las condicionantes externas al sector las que estén frenando su empuje: el clima poco favorable, los costos desbordados, el atraso cambiario, la competencia de otros rubros por las mejores tierras, algunas reticencias generadas por el ambiente político, entre otros elementos.
O tal vez sea una expresión propia de un período de ajuste a nuevas realidades, en las que las tecnologías cambian y de-mandan algún tiempo para su maduración.
Estos temas están, o deberían estar, en el debate nacional, y a él vamos a contribuir.